Seguridad en cabina. Protocolos para evitar quemaduras y reclamaciones.

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Serie: 21 para tu centro · Post 17 de 21

«El único que no rompe platos es el que no los limpia.»


Un día, un hombre subió las escaleras del centro, entró, preguntó algo… y pidió que le diéramos el dinero.

En ese momento no piensas en protocolos ni en seguros. Piensas en las personas que tienes alrededor.

Lo que aprendimos aquel día es sencillo: lo más importante son las personas. Hay que estar lo más tranquilo posible, no hacerse el héroe y dejarle la puerta libre para que se vaya por donde ha entrado. Cuanto antes se vaya, mejor. El dinero se recupera. Las personas, no.

En estos años han pasado muchas cosas en el centro. Y todas me han enseñado lo mismo: para trabajar bien, hace falta confianza. Y la confianza se construye estando preparados.


Más que una obligación

La prevención de riesgos laborales es obligatoria. Hay que tenerla, firmarla y cumplirla.

Pero para mí, más que obligatoria, es otra cosa: queremos que nuestras compañeras en cabina estén seguras. Seguras con el láser. Seguras ante un robo. Seguras ante lo que sea.

Una técnica que se siente segura trabaja tranquila. Y una técnica tranquila cuida mejor a la clienta.

Y la clienta, a su vez, también necesita sentirse segura. Se tumba en una camilla, cierra los ojos y confía en que la persona que tiene al lado sabe lo que hace. Esa confianza es lo más valioso que tiene un centro.


El único que no rompe platos

Hay una frase que me gusta mucho: el único que no rompe platos es el que no los limpia.

En un centro de estética se trabaja con aparatología, con calor, con luz, con productos que reaccionan con la piel. Por mucho cuidado que pongas, algún día puede haber una reacción, una rojez de más o, en el peor de los casos, una quemadura.

No se trata de que nunca pase nada. Se trata de reducir al máximo las posibilidades y, si pasa, saber exactamente qué hacer.

Por eso hay que tener mucho cuidado con lo que utilizamos: equipos de confianza, con su mantenimiento al día y con alguien detrás que los conozca y los repare. Como te conté ayer, no es buena idea comprar a ciegas un equipo del otro lado del mundo sin saber cómo funciona.


La clave: la formación

Si tuviera que quedarme con una sola medida de seguridad, sería esta: una muy buena formación.

Nadie debería usar un equipo sin saber manejarlo. Y no basta con el curso del primer día. Los equipos cambian, los protocolos se actualizan, las técnicas nuevas tienen que aprender desde el principio. Como conté en formación continua, el día que dejas de aprender, dejas de crecer. En cabina, además, el día que dejas de aprender te expones a errores.

Y la formación tiene que acabar escrita. Cada tratamiento con aparatología debería tener su protocolo: qué preguntar antes, qué parámetros usar, qué revisar después. Si está escrito, no depende de la memoria de nadie. Es lo que defiendo en protocolos y orden.


Lo que no puede faltar antes de un tratamiento

Cada centro tiene sus protocolos, pero hay básicos que recomiendo siempre con aparatología:

  • Ficha completa de la clienta, con su historial.
  • Preguntar por medicación, embarazo, exposición al sol y cualquier cambio desde la última sesión.
  • Prueba previa en una zona pequeña, cuando el tratamiento lo pide.
  • Consentimiento informado firmado.
  • Anotar los parámetros de cada sesión.
  • Fotos de antes y después, si es necesario y con permiso de la clienta.

No es burocracia. Es lo que te permite trabajar tranquila y, si algún día hay una reclamación, demostrar que lo hiciste todo bien.


Unas pinceladas sobre seguros

No soy corredor de seguros, así que aquí solo unas pinceladas:

  • Responsabilidad civil, con la parte profesional: cubre los daños que pueda sufrir una clienta durante un tratamiento. Que sea obligatoria o no depende de tu comunidad autónoma, de tu licencia y a veces del contrato del local. Pero obligatoria o no, es imprescindible. Y comprueba que incluye la aparatología que usas.
  • Multirriesgo del local: robo, incendio, daños por agua. Y te lo dice alguien a quien se le cayó el techo.

Revísalo con tu gestor o tu corredor. Pero recuerda: el seguro te ayuda después. Lo que de verdad te protege es estar preparada antes.


Tres pasos para aplicar mañana

1. Escribe el protocolo de tu tratamiento con más riesgo. Elige el que más te preocupa (láser, radiofrecuencia, peeling…) y escribe en una hoja qué se pregunta antes, qué parámetros se usan y qué se revisa después. Que lo conozca todo el equipo.

2. Revisa la formación de tu equipo. ¿Todas las técnicas que usan cada equipo están formadas para usarlo? ¿Cuándo fue la última actualización? Si hace más de un año, programa un repaso.

3. Prepara tu plan de incidentes. Una hoja con dos apartados. Si hay una reacción o una quemadura: qué hacer en el momento, cómo documentarlo, a quién avisar. Y si hay un robo: las personas primero, nada de héroes, la puerta libre y, cuando se haya ido, llamar al 112. Repasadlo juntas, igual que se repasa un simulacro.


Lo que me llevo

En estos años han pasado muchas cosas. Algunas, como aquel robo, no se olvidan.

Pero todas me han enseñado que la seguridad no es un papel. Es la confianza que siente una técnica cuando entra en cabina, y la que siente una clienta cuando cierra los ojos en la camilla.

Formación, protocolos y un plan para cuando algo falla. Así se trabaja con confianza.

Mañana, en el día 18: Instagram suma, no manda. Cómo dejar de depender del algoritmo.

¿Tienes un protocolo escrito para cuando algo sale mal en cabina? Cuéntamelo en los comentarios.


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