Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer.

Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. Siempre Pensamiento Positivo

Serie: 21 lecciones de emprendedor · Post 12 de 21

«No hay crecimiento empresarial sin crecimiento personal.» — Sergio Fernández


Más de 2.000 horas de formación antes de abrir mi primer negocio. Y aun así, los primeros años me equivoqué en casi todo.

Si llevas meses apagando fuegos en tu negocio y sientes que estás igual que hace un año, puede que el problema no sea tu mercado. Puede que hayas dejado de formarte de verdad.

No soy el mismo empresario que cogió el centro en 2015.

La diferencia no es solo la experiencia acumulada — es todo lo que he aprendido por el camino. Cada curso, cada libro, cada conversación con alguien que sabía más que yo ha ido construyendo una versión diferente de la persona que abrió aquella puerta por primera vez.

Y lo más curioso es que mucho de lo que aprendí antes de emprender no lo entendí hasta que llevaba años emprendiendo. Así funciona la formación. No siempre te sirve en el momento en que la recibes. A veces la guardas sin saber para qué, y un día la vida te pone delante una situación y algo dentro de ti dice: esto ya lo sé.

Eso no es casualidad. Tiene un nombre

Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer - conferencias
Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer – conferencias

El sistema de activación reticular

Dentro de tu cerebro hay una red de neuronas llamada sistema de activación reticular — el SAR. Su función es filtrar la enorme cantidad de información que recibes cada segundo y mostrarte solo lo que es relevante para ti en ese momento.

Te pongo un ejemplo que seguro has vivido. Decides comprar un coche de un modelo concreto — pongamos un Seat León rojo. De repente empiezas a verlos en todas partes. ¿Han aparecido más Seat León rojos en la calle? No. Siempre estuvieron ahí. Lo que ha cambiado es que tu cerebro ahora tiene una razón para detectarlos y mostrártelos.

Con la formación pasa exactamente lo mismo. Cuando tienes un problema concreto — cómo gestionar un equipo, cómo subir precios, cómo vender mejor — de repente empiezas a encontrar respuestas en todas partes. En una conversación con un conocido, en un libro que llevaba meses en tu estantería, en una frase que alguien dice sin querer. No es que la información haya aparecido — es que ahora tienes el radar encendido para recibirla.

Por eso digo que la formación llega cuando estás preparado. Porque cuando tienes claro qué necesitas, el mundo empieza a dártelo.

Antes de emprender, ya me estaba formando

Trabajaba como consultor informático. Y me hice una pregunta que cambió todo: ¿qué habilidades tenían los empresarios que yo no tenía?

Me puse a aprenderlas. Habilidades directivas, inteligencia emocional, coaching organizacional, programación neurolingüística, técnicas de ventas, dirección de equipos. Más de 2.000 horas en una década.

¿Lo entendí todo en ese momento? No. ¿Lo apliqué todo de inmediato? Tampoco. Pero fui construyendo una base. Estaba, sin saberlo, subiéndome a hombros de gigantes — aprovechando el conocimiento y la experiencia de personas que ya habían recorrido el camino que yo estaba a punto de empezar.

Hay algo que aprendí con el tiempo y que me parece fundamental: antes de formarte, tienes que saber qué necesitas. Formarte por formarte acumula conocimiento que no se aplica. Formarte con un objetivo claro — resolver un problema real, mejorar una habilidad concreta, entender algo que no entiendes — eso sí transforma.

El proceso real es este: detecta qué necesitas, busca la formación adecuada, aplica.

No te forma lo que aprendes. Te forma lo que aplicas.

Y al revés también es verdad: formarte sin aplicar es una forma elegante de procrastinar. Te da la sensación de estar avanzando mientras el negocio sigue igual.

Aprender mientras el negocio funciona

Cuando ya tienes el negocio en marcha, la forma de aprender cambia. No puedes dedicar meses a una formación larga. Necesitas aprender rápido y aplicar rápido.

Joan Boluda me enseñó que el marketing online no es magia — es metodología y constancia. Luis Ramos me abrió la mente a los conceptos detrás de los grandes negocios. Mago More me ayudó a organizar mejor mi tiempo y mis hábitos. Mindvalley me recordó que el crecimiento personal no es un lujo — es el motor de todo lo demás.

Y los talleres de la Cambra de Comerç de Girona. Estos merecen mención especial porque tienen algo que no tienen los grandes cursos online: te bajan a tierra. Empresarios locales, con problemas reales, en un contexto que conoces. Aprendes, pero también conectas. Y esas conexiones valen tanto como el contenido.

Porque aprender no siempre es sentarse delante de una pantalla o abrir un libro. A veces aprender es tomar un café con alguien que lleva más años que tú en esto y escucharle. Hacerle preguntas. Dejarle que te cuente lo que funcionó y lo que no. Una buena conversación con alguien con experiencia puede ahorrarte años de errores.

Y hay una formación que todo empresario necesita y que muy poca gente menciona: aprender a vender. Sin ventas no hay negocio. Da igual lo bueno que seas en lo que haces — si no sabes comunicar el valor de lo que ofreces y cerrar una venta, el negocio no funciona. Como decía Sergio Fernández: «El partido empieza en el no, y la siguiente pregunta es ¿por qué no? Y te callas.» Eso no se aprende solo. Se aprende formándose y practicando.

Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. Confinados
Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. Confinados

El Máster de Emprendedores — la última edición presencial

Diciembre de 2019. Me apunté al Máster de Emprendedores de Sergio Fernández en un momento muy particular de mi vida. Recién separado, cuidando a mis padres, y el negocio necesitando un empujón serio. No sabía que sería una de las decisiones más importantes de los últimos años.

Y no sabía tampoco que sería la última edición completamente presencial. El Covid llegó en marzo de 2020 — con el Máster en marcha — y cambió todo. Lo que empezó en una sala con cuarenta personas acabó en videoconferencias y chats de grupo. Pero el vínculo creado en esos primeros meses fue lo que nos sostuvo.

El Máster no fue solo contenido. Fue inmersión total.

Baldi me enseñó a encontrar el propósito — el bambú que crece hacia dentro antes de hacerlo hacia fuera. María Lobo me estalló la cabeza con la consciencia emocional. Victoria me ayudó a aceptarme mejor con el eneagrama. Fabian me enseñó a poner foco — foco en la foca. Lluïsa me bajó a tierra con la fiscalidad. Berto me hizo entender que el tiempo es el único activo que no se recupera. Néstor me introdujo al Lean Startup y a validar antes de invertir. Isabel y Victor me enseñaron a escribir y a contar historias que conectan. Juan Marín y Borja me abrieron el mundo del marketing online. José Ballesteros me demostró que hablar con amigos y hablar en público es lo mismo. Chema me recordó que lo que no se comunica no existe. Sergio me enseñó que el partido empieza en el no.

Y Pep García como mentor — alguien que escucha, que arropa, que te hace pensar fuera de la caja.

Una de las propuestas que más me marcó: haz un reto al año. Algo que te saque de tu zona de confort. Si vivimos 50 años más, podemos tener 50 experiencias para contar. Ese reto me llevó a nadar hasta las Islas Medes. Pero eso ya te lo contaré en otro post.

Pero sobre todo, lo que me dio el Máster fue algo que ningún manual puede enseñarte: el entorno. Cuarenta personas construyendo sus proyectos con la misma energía, los mismos miedos y las mismas ganas. Corazones con valores. Cuando el Covid cerró el centro, no estaba solo. Y eso marca.

Seis años después todavía me acuerdo de los conceptos y de las personas. Durante los meses duros del confinamiento me apoyé en esos profesores y en esos compañeros — los que me enseñaban, los que me daban aliento, los que me recordaban que el camino seguía ahí aunque el mundo se hubiera parado. No eran solo compañeros de formación. Eran el espejo donde me vi reflejado cuando el Covid nos obligó a cerrar.

Al atardecer de la vida nos examinarán del amor, decía San Juan de la Cruz. Yo añadiría: y de las personas que tuvimos cerca cuando más lo necesitábamos.

Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. Primer Congreso Emprende con AMOR y CONSCIENCIA
Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. Primer Congreso Emprende con AMOR y CONSCIENCIA

El Congreso Emprende con Amor y Consciencia

De ese entorno nació algo que no esperábamos: un congreso.

En mayo de 2021, un grupo de compañeros del Máster y algunos profesores organizamos el I Congreso Emprende con Amor y Consciencia. Sandra, Vicky, Jorge, Lídia, Patricia, Cristina, Yordy, Miguel Ángel, Fernando, yo — compañeros del Máster con valores compartidos. Y con nosotros profesores como Fabian, María Lobo, Chema y José Ballesteros, entre otros.

No fue una conferencia corporativa. Fue un encuentro donde cada uno compartió lo que había aprendido emprendiendo desde el corazón. Yo participé con una charla titulada Vende con entusiasmo.

Ese congreso fue la prueba de que el entorno correcto no solo te sostiene — también te empuja a crear cosas que solo no harías. Aprender no es consumir. Aprender es, muchas veces, construir junto a otros.

Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer Pensamiento Positivo. -Libros
Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer Pensamiento Positivo. -Libros

Los libros

Aprender también es leer. Y he leído muchos libros a lo largo de estos años. Cada uno en su momento. Cada uno dejando algo.

Covey y sus 7 hábitos para entender cómo funciona la gente. Padre Rico Padre Pobre para cambiar la forma de ver el dinero. Vivir sin jefe de Sergio Fernández para entender qué significa realmente la libertad profesional. El método Lean Startup de Eric Ries para aprender a validar antes de invertir. Albert Espinosa y su mundo azul para recordar que la vida tiene mucho más que lo que se ve a simple vista.

Cada libro es una conversación con alguien que ya ha pensado profundamente sobre algo que te importa. Es exactamente eso — subirse a hombros de gigantes. Aprovechar el conocimiento de quienes ya recorrieron el camino para ver más lejos desde donde estás.

Un ejemplo concreto: después de leer El método Lean Startup, dejé de comprar máquinas y lanzar servicios sin validar. Empezamos a testar en pequeño — pocas clientas, un servicio, un mes — y solo ampliábamos lo que funcionaba. Esa sola idea, aplicada, nos ahorró inversiones mal pensadas durante años.

El problema no es leer — es leer sin aplicar. Un libro sin subrayados y sin un plan de acción es entretenimiento. Un libro con algo concreto que vas a cambiar después de leerlo es formación.

Señales de que has dejado de crecer

Si te reconoces en alguna de estas frases, probablemente el problema no es tu negocio — es que llevas tiempo sin formarte de verdad:

  • Hace meses que no haces nada nuevo en el negocio. Solo apagas fuegos.
  • Repites los mismos errores — con el equipo, con los precios, con el marketing — sin entender por qué.
  • Te suena la frase «ya lo sé todo de esto» más a excusa que a realidad.
  • Tu último curso, libro o conferencia fue hace más de un año.
  • Cuando alguien te recomienda una formación, piensas primero en el precio y no en lo que puede cambiarte.

Si has marcado dos o más, es momento de pararte.

Lo que la formación me ha enseñado sobre la formación

Después de todos estos años tengo una cosa muy clara: la frase de Sergio Fernández es verdad. No hay crecimiento empresarial sin crecimiento personal. El negocio es un reflejo de quien lo lleva. Si tú no creces, el negocio tampoco crece. Si tú aprendes a gestionar mejor tus emociones, a comunicarte mejor, a tomar mejores decisiones — el negocio lo nota.

El proceso de aprendizaje es constante y no tiene fin. No son solo cursos y libros — son conferencias, talleres, conversaciones, retos, experiencias, películas, fracasos. Es abrir la mente y aplicar lo que encuentras. Es entender que cada día puedes saber un poco más que ayer.

Y eso, con el tiempo, cambia todo.

Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. La äultima Clase o la penultima
Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. La äultima Clase o la penultima

Método: 3 preguntas antes de apuntarte a cualquier formación

1. ¿Qué problema real quiero resolver? Identifica el problema concreto que quieres abordar. Escríbelo. Si no puedes definirlo en una frase, la formación no te va a servir.

2. ¿Me dará herramientas para aplicar en los próximos 30 días? Si la respuesta es no, puede esperar. La formación útil es la que puedes llevar al negocio esta semana, no la que «algún día vendrá bien».

3. ¿Qué voy a cambiar cuando termine? Si no tienes respuesta, la formación no está clara todavía. Cuando sepas qué vas a cambiar, sabrás si realmente la necesitas ahora.

Si una formación no pasa estas tres preguntas, la descarto o la dejo para más adelante.

Hoy no me apunto a nada que no pase estas tres preguntas. Me han ahorrado mucho tiempo y muchos euros.

Y una vez dentro: aplica aunque sea de forma imperfecta. Un 30% aplicado vale más que un 100% aprendido y guardado en una carpeta.


Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. Uniäon
Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer. Uniäon

7 preguntas frecuentes sobre formación continua

¿Cuándo hay que formarse — antes, durante o después de emprender? Siempre. Antes para entender qué necesitan los demás y qué te falta a ti. Durante para resolver los problemas que van apareciendo. Después para seguir creciendo cuando el negocio ya funciona. La formación no tiene un momento ideal — tiene un enemigo principal, que es pensar que ya sabes suficiente.

¿Cómo saber qué formación necesitas en cada momento? Mira tus resultados actuales. Lo que no está funcionando en tu negocio — o en ti — es exactamente lo que necesitas trabajar. La formación más útil no es la más completa, es la que resuelve el problema que tienes ahora mismo.

¿Vale más una formación cara que una barata? El precio no determina el valor. Lo que determina el valor es cuánto aplicas lo que aprendes. He sacado más partido de conversaciones con otros empresarios que de algunos cursos caros. La clave no está en cuánto pagas — está en cuánto aplicas.

¿Los libros y las conversaciones cuentan como formación? Completamente. Un buen libro resume años de experiencia de alguien que ya ha pasado por donde tú vas a pasar. Y una buena conversación con alguien que tiene más experiencia puede ahorrarte años de errores. Aprender no es solo sentarse delante de una pantalla — es cualquier cosa que amplíe tu perspectiva y te dé herramientas para actuar mejor.

¿Qué pasa si no tienes tiempo para formarte? Hay formaciones que te ayudan precisamente a ser más productivo y a organizarte mejor — así que en algunos casos, la solución a la falta de tiempo está en formarse. Pero lo más importante es tener claro qué quieres conseguir. Si sabes exactamente qué necesitas, puedes encontrar formaciones cortas y muy concretas que caben en tu agenda. El problema no suele ser la falta de tiempo — suele ser la falta de claridad sobre qué aprender.

¿Es mejor formarse solo o en grupo? En grupo, siempre que sea posible. No por el contenido — sino por el entorno. Aprender con personas que tienen los mismos retos que tú multiplica el aprendizaje y genera una red de apoyo que vale mucho más que cualquier certificado. El entorno lo cambia todo.

¿Cómo saber si una formación ha servido de algo? Mira qué has cambiado después de hacerla. No lo que has aprendido — lo que has cambiado. Si tu forma de trabajar, de tomar decisiones o de relacionarte con tu negocio es diferente después de la formación, ha servido. Si todo sigue igual, algo ha fallado — puede que la formación, puede que la aplicación, puede que el momento.


Esta semana, tres acciones

Si este post te ha removido algo, no lo guardes. Aplícalo antes de que pase otra semana:

1. Escribe en una frase el problema número uno de tu negocio ahora mismo. 2. Busca una formación concreta que te dé herramientas para resolverlo en los próximos 30 días. 3. Decide qué vas a cambiar cuando termines.

Si no tienes respuesta a una de las tres, empieza por ahí. Porque el problema casi nunca es la formación — es la claridad sobre qué aprender.


No es saber más. Es ser alguien distinto. Y eso solo pasa cuando dejas de aprender para acumular — y empiezas a aprender para transformarte.

¿Cuál es la formación que más te ha cambiado como empresario o como persona? Cuéntamelo en los comentarios — leo todos y muchas veces recomiendo formaciones a quien me pregunta por dónde empezar.


Gracias

Andrés, Ángeles, Antonio, Astrid, Baldi, Berto, Borja, Carlos, Carmen, Chema, Concepción, Cris, Daniel, Edu, Fabian, Fernando, Gabriela, Guillermo, Isaac, Isabel, Isidro, Javier, Jorge, José, Juan, Juan Carlos, Juanjo, Juanjo, Katya, Laia, Laura, Laura, LaVicky, Lídia, Lluïsa, Lorena, March, María, Mario, Melissa, Miguel Ángel, Néstor, Neus, Nuria, Olga, Patricia, Pep, Rafa, Raquel, Sandra, Sergio, Silvina, Simon, Sofi, Susana, Victor, Victoria y Yordy.

Gracias.
#emprendimiento #formacion #aprendizaje #empresario #crecimientopersonal #masteremprendedores #lecciones


2 respuestas a “Formación continua. El día que dejé de aprender, dejé de crecer.”

  1. És muy interesante lo que explicas y me hace pensar aunque me duela, que hace mucho tiempo que no hago formación y que tampoco sabría por dónde empezar.
    No necesito asistir a marcas comerciales que lo que pretenden es vender sus productos.
    Me interesa más temas de comunicación con otras personas (que no sea màrqueting), encuentros presenciales con personas, reciclaje, motivación, un aire renovado y que me sienta nutrida por dentro y con el objetivo laboral más claro.
    Supongo que aún tengo que concretar mejor.
    Muchas gracias por compartir tu experiencia y hacer que pueda verbalizar algo que para mí es vergonzoso, porque me hace sentir que no se nada.

    • Hola Yolanda, gracias por tu comentario tan honesto.
      Lo primero: no hay nada de qué avergonzarse. Reconocer que hace tiempo que no te formas ya es el primer paso — la mayoría ni siquiera llega a verlo.
      Sobre las formaciones de marcas comerciales, te matizo algo que he aprendido con los años. Asistir tiene más valor del que parece: ves lo que se mueve en el mercado, si es un producto que ya trabajas aprendes a venderlo mejor y ganas confianza, y aunque son comerciales también puedes aprender mucho observando sus técnicas de venta.
      Dicho esto, te entiendo — hay momentos en los que necesitas otra cosa. Encuentros presenciales, comunicación real, reciclaje, motivación. Eso también es formación, y de la buena.
      Si quieres te paso por privado algunos recursos que a mí me han ayudado mucho.
      Gracias por leer y por compartir tu reflexión. Este tipo de comentarios son los que dan sentido a escribir.

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