Serie: 21 lecciones de emprendedor · Post 17 de 21
«El que para de bailar está muerto.»
5 de noviembre de 2021, 11:45 de la mañana.
Recibo un WhatsApp de Eloy Martín:
Eloy: Esta noche voy a bailar De 12 a 2 A Sant Feliu
Moli: 🙄🙄🙄
Eloy: Por si te quieres venir
Moli: ¿Me invitas? Claro Sisisisisisi
Eloy: A las 11:30 te recojo 👌
Moli: ¿Qué tengo que hacer?
Eloy: Venir guapo 🤣🤣🤣🤣. Es salsa y bachata solo
Moli: Me voy a hacer una intervención estética Gracias
Eloy: 🤣🤣🤣🤣
Esa noche fui a la Sala Las Vegas de Sant Feliu de Guíxols. Tenía 46 años. No sabía qué era la salsa. No sabía qué era la bachata.
Y algo cambió para siempre.
Lo que encontré esa noche
Ver bailar a parejas completamente sincronizadas con la música y conectadas entre ellas. Cuerpos que entendían sin hablar. Sonrisas. Energía.
Fue mágico.
A mí siempre me había gustado bailar. Nunca supe si lo hacía bien. Nunca fui de estar en la barra — siempre en la pista, aunque bailase solo. Con mi primo Óscar en Madrid bailábamos rock. En discotecas me movía. Pero lo que vi esa noche era otra cosa.
Era un lenguaje que yo no conocía y que de pronto quería aprender.
Conocí a Farah, profesora de baile. Me explicó el básico de salsa: 1, 2, 3… 5, 6, 7.
Yo la miré y pregunté: «¿Y el 4?» 😄
Empezamos bien.
Emprender es, muchas veces, preguntar «¿y el 4?» mientras todos los demás parecen llevar el ritmo. No es ignorancia. Es el primer paso de la maestría: reconocer que no tienes ni idea.

El desplante que no me hundió
Esa misma noche me atreví a sacar a una chica.
Me miró y me preguntó: «¿Tú sabes bailar?»
Dudé. Dije que no.
«Si no sabes bailar, mejor no.»
Años después me la he vuelto a cruzar muchas veces. Ella no se acuerda del momento. Yo sí.
Un día en La Joia la saqué a bailar y ella, sin saber quién era yo para ella, me confesó: «No sé por qué intimido a los hombres. Ya no me sacan a bailar.»
Callé y bailé con una sonrisa.
Esa noche en Sant Feliu, un desplante así podría haberme hundido. No lo hizo. Me ganaron las ganas de bailar.
En el baile, como en las ventas, un «no» hoy no significa un «no» para siempre. Lo que hoy te intimida, mañana puede ser tu zona de juego — si decides no hundirte por el primer desplante.
El aprendizaje torpe
2022 — Me apunto a coreografías de Broadway con mascarillas. Y empiezo a ir a Salseros Sant Narcís a bailar con otros principiantes.
Pasos que parecían fáciles a otros, a mí me costaban. El tiempo. Los pies. Las manos. No sabía dónde poner nada.
Hubo noches en las que volvía a casa pensando si no sería tarde para empezar algo nuevo. Me sentía torpe. Mayor. Fuera de sitio.
Pero volvía la semana siguiente.
Enero 2023 — Empieza oficialmente mi camino con salsa y bachata con Eloy. Dos clases por semana en marzo.
Abril 2023 — Me enamoro de bailar en la calle con Sin Salsa No Hay Paraíso en la Ciutadella de Barcelona, liderado por Ana y Marcos. Empiezo también clases con Carlos y Sandra.
La Ciutadella se convirtió en mi paraíso. Allí la gente baila libremente, sin pista, sin luces, sin puerta. Solo música, cuerpos y cielo. Es simplemente vivir.
23 de abril de 2023 — Ayudo a El Papi, referente del baile en Girona, a promocionar un concierto suyo de Sant Jordi. Me lo había presentado Eloy. Fue mi primera vez aplicando lo que sé de marketing a algo del baile.
Y entonces se me fue la olla.

2023-2024: los años que mi oficina fue la pista
Decidí que iba a bailar cada día que pudiera. Siete días a la semana, siete estilos, siete oportunidades de ser el peor de la clase para acabar siendo el que más disfruta.
Lunes con Eloy. Martes con Carlos y Sandra. Miércoles con El Papi. Jueves con Eloy. Viernes clase y a bailar. Sábados en la calle, en Salseros Sant Narcís, y después noche. Domingos en Lux.
No recuerdo otra etapa de mi vida en la que me haya entregado tanto a algo casi cada día.
Los findes alternos con mis hijas, en vez de salir de noche, me las llevaba a Salseros Sant Narcís y a bailar a la calle. Quería que vieran lo que había encontrado. La comunidad. La música. Las personas.
Montamos con mi pareja de entonces el primer grupo que llenaba La Joia — lo llamamos Yolanda’s Friends. La mesa era la excusa. Acabábamos siempre en la pista. Desde enero de 2024 el grupo lo lleva Marín — ahora se llama Marín’s Friends y es ya una institución los miércoles.
Hubo un finde en el que se alinearon Salsa del Cel el viernes, Millennium el sábado y Platea el domingo. Tres discotecas míticas de mi adolescencia, tres noches de SBK seguidas. Pasado y presente bailando a la vez.
Llibredansa y el primer cartel
Abril de 2024 — Con Laura Vizcaino (la ideóloga), Vanesa, Susi, Ebelin, Óscar, Julio y yo montamos Llibredansa. Nuestra misión cabía en una frase en catalán: Girona té ritme! Traiem els balls al carrer!
26 y 27 de julio de 2024 — Festival Llibredansa en las calles de Girona. Sin presupuesto. Con muchos nervios. Con el Ayuntamiento prestándonos tarima, sillas y equipo. Con la Five Star Band poniendo percusión. Con Mr. Dance enseñando rock & roll. Con Enclave Girona con salsa y bachata.
Mi rol: promoción, soporte moral, logística, documentación. Y también alumno de mi propio festival — el viernes bailé salsa y bachata, el sábado rock & roll.
La primera vez que vi mi nombre en un cartel de baile me emocioné. A los 49 años, un cartel de un festival. No de un máster. No de una conferencia. De baile.
6 de enero de 2024 — Carlos le había dicho unos meses antes a Dani, un promotor de eventos, que me pusiera en un cartel. Sigo buscando ese cartel. El día que lo encuentre, lo enmarco.

El chico que va aunque no le guste
Hay una escena que me marcó y que cuento siempre que puedo.
Lo he visto en más de una persona y lo he visto en mí mismo.
Alguien que no disfruta especialmente bailar. No se le da bien. No es su plan ideal un viernes por la noche. Y aun así, va.
Porque sabe que es importante para él. Para romper la rutina. Para salir de la cabeza. Para conectar con otras personas. Para no quedarse quieto.
Esa determinación me impacta. Porque en el baile, como en emprender, lo que no te sale de forma natural es exactamente lo que más te transforma.
No hay que esperar a que nos guste. Hay que entregarnos a aquello que intuimos que nos va a cambiar.
Lo que aprendí bailando que no había entendido emprendiendo
Llevaba años construyendo un negocio. Tomando decisiones. Gestionando equipos. Y el baile me enseñó cosas que ningún libro de negocio me había enseñado:
1. Que lo importante no es saber — es entregarse. Los que mejor bailan no son los que saben más pasos. Son los que se entregan más a la música, a la pareja, al momento.
2. Que sin comunidad no hay camino. Bailé solo muchos años. No me hizo bailarín. Me hizo alguien que se movía. Entre gente, con profesores, con compañeros, empecé a aprender de verdad.
3. Que la humildad del «no sé» abre puertas. Cada vez que he ido a una clase nueva con gente que llevaba más tiempo, he tenido que aceptar que era el último de la fila. Y cada vez que lo he aceptado, he crecido.
4. Que el talento sin dedicación se pierde. Quizás tengas ritmo natural. Si no lo cuidas, se va. Quien no tiene talento pero dedica horas, mejora. Yo no voy a ganarle al ajedrez a Magnus Carlsen. Pero puedo dedicarle el tiempo necesario para disfrutar del juego. Igual con el baile. Igual con el negocio. Igual con la vida.
5. Que desconectar es conectar. En la Ciutadella bailo sin mirar el reloj. Y cuando salgo, vuelvo al negocio con una claridad que no encontraba delante de una hoja de cálculo. El cuerpo limpia la mente.
6. Que la energía importa más que el plan. Puedes tener la coreografía perfecta. Si no hay energía, no hay baile. Puedes tener el plan de negocio perfecto. Si no hay energía, no hay proyecto.
7. Que entregarse no es perderse — es ganarse.
La pasión te hace sufrir por lo que quieres. La entrega te hace disfrutar de lo que das. He dejado de ser un apasionado para ser un entregado. Y mi negocio, y mi vida, lo han agradecido.
Mi chica me dice que soy un entregado. Es lo mejor que me han dicho.
De alumno a profesor
Cuatro años antes no sabía dónde iba el 4.
En abril de 2025 di mis primeras clases como profesor. Fueron en Palamós, con Noe. Tres meses enseñando a otros lo que yo había aprendido cuatro años antes.
No esperaba hacerlo. Pero alguien dijo «¿por qué no?», y cuando tienes que elegir entre «no estoy preparado» o «sí, vamos a probar», ya sabes cuál es la respuesta correcta.
Hoy, 23 de abril de 2026, tenemos nuestro primer social con Noe. 100 personas apuntadas en la lista.
He tenido que modificar el post hoy día 22 , hay 200 personas apuntadas en lista. Todo un Récord
Y no vienen por mí. Vienen porque hemos construido algo — con Noe, con Street Dance Girona (Quim, Marín, Noe y yo), con cada grupo, cada clase, cada calle en la que hemos bailado.
Sin pagar un solo euro en publicidad, hoy más de 900 personas forman parte del movimiento Street Dance Girona. Nuestra misión es acercar la salsa y la bachata a los pueblos de Girona. Empezamos llenando La Joia. Hoy estamos llenando agendas de comunidad.

Mis historias en el baile son las mismas que en emprender
Cuando miro atrás veo lo mismo en los dos mundos:
- Alguien que me dijo que no al principio.
- Un «¿y el 4?» cuando todos parecían tener claro el básico.
- La tentación de quedarme en la barra.
- Años de aprender antes de entender.
- Una comunidad que me sostuvo cuando más lo necesitaba.
- Una entrega que, mirándolo ahora, lo explica todo.
Si hoy sientes que tu negocio está plano, probablemente no te falte un curso más. Te falta un lugar donde entregarte de verdad: a tu equipo, a tus clientes, a un proyecto que te saque de la inercia.
Emprender y bailar son lo mismo: aparecer, entregarte, caer, levantarte, seguir. Rodearte de gente que baila contigo. Y un día, cuando menos te lo esperas, darte cuenta de que alguien está aprendiendo gracias a ti.
Método: cómo entregarte a algo nuevo
1. Di que sí antes de sentirte preparado. Si esperas a sentirte listo, no empiezas nunca.
2. Busca a alguien que ya esté en ello. Eloy me mandó un WhatsApp. Yo solo tuve que decir sí. ¿A quién puedes responder que sí esta semana?
3. Hazlo mal al principio. El «¿y el 4?» es normal. Quien nunca preguntó, nunca aprendió.
4. Vuelve aunque te desplanten. Un no no te define. Lo que te define es si vuelves.
5. Rodéate de quienes se entregan. Vale para la pista y para el negocio: la energía del entorno te arrastra hacia arriba o hacia abajo.
6. Cuando seas capaz, enseña. No necesitas ser el mejor. Solo necesitas haber recorrido un poco más de camino que la persona que tienes al lado.
7. No pares. El que para de bailar está muerto. El que para de aprender también.
7 preguntas sobre bailar, emprender y vivir
¿Cómo sé si debo entregarme a algo nuevo? Si te llama y te da miedo a partes iguales, probablemente debas probarlo. La entrega verdadera siempre tiene las dos cosas: atracción y vértigo. En el baile, en el emprendimiento y en la vida, lo que te cambia no suele ser lo cómodo.
¿Y si no se me da bien? No se te daba bien andar cuando tenías un año. Tampoco leer a los cuatro. Ni conducir a los dieciocho. Todo lo que hoy haces bien empezó dándosete mal. La diferencia la marca si vuelves mañana.
¿Merece la pena empezar algo nuevo a mi edad? Sí. Siempre. A los 46 empecé a bailar. A los 50 doy clases. Cada etapa de la vida tiene su aprendizaje. Los que mejor envejecen son los que nunca dejan de ser alumnos. Empecé tarde. Pero llegué justo a tiempo.
¿Cómo encuentro mi comunidad? Aparece. Ve al sitio donde pasan las cosas. No esperes a que alguien te invite. Vete, hazlo mal las primeras veces, vuelve. La comunidad se construye apareciendo — en la pista, en el networking, en cualquier sitio donde la gente esté haciendo algo que te interesa.
¿Qué pasa si me desplantan? Agradécelo. Un no temprano ahorra tiempo y te enseña antes. Como en ventas: el no es información, no rechazo. Sigue adelante. Lo que hoy te cierra una puerta, mañana quizás sea quien te busque.
¿Cuándo sé que ya estoy dentro? Cuando dejas de preguntarte si perteneces y empiezas a preguntarte a quién puedes invitar. Eso vale igual para un grupo de baile, para un sector profesional o para una comunidad de empresarios.
¿Qué es lo más importante para emprender, bailar y vivir? La entrega. Con entrega haces que lo difícil sea posible. Sin entrega, lo fácil se vuelve imposible. A veces no necesitamos terapia. Necesitamos pista.
Gracias
Esta parte no es para el algoritmo. Es para las personas.
A todos los que me habéis acompañado en esta locura del baile:
Eloy, Farah, El Papi, Carlos, Sandra, Yolanda Martínez, Susi, Ruth, Marín, Quim, Noe, Luca, Nachaat, Laura, Anna, Cristina, Jordi, Osdany, David, Ana, Marcos, El Ruso, Ramón, Montse, Edu, Josep Maria, Albert, Mario, Nia, Victoria, Marisol, Elina, Juan Carlos, Miguel, Mónica, Charlie, Gloria, Gabri, Emty, Ro, Gris, Lola, Jose, Benis, Nati, Fanny, Santi, Vanesa, Oriol, Raquel, Juan, Dani, Fran, Xenia, Yolanda, Susanne, Cristopher, Merche, Anita, Stefy, Maribel, Barbaro, Jaume, Pep, Silvia, Eduard.
Y a mi chica, que me dice que soy un entregado. Y tiene razón.
Y a todos los profesores, compañeros de pista, alumnos y personas que me dicen «tú no paras de bailar» cada vez que me ven.
Seguro que me dejo nombres — sois muchos. Si lees esto y estás, gracias. Si lees esto y no aparece tu nombre, también gracias. Todos los que hemos compartido pista sois parte de esta historia.
En mi testamento hay una frase que da título a todo lo que ha pasado después del 5 de noviembre de 2021:
Cuando pare de bailar.
Pero eso es para dentro de mucho tiempo. Mientras tanto — nos vemos en la pista.
¿Cuál es tu baile pendiente? ¿Qué es lo que llevas tiempo queriendo empezar y aún no te has entregado? Cuéntamelo en los comentarios.





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Una respuesta a “Bailar. El día que aprendí a emprender entregado.”
De momento no puedo comentarte lo que tengo pendiente, porque tengo que ser consciente para descubrilo.
Solo agradecerte este post, porque aparte de ponerme en contexto y entender todo el proceso, para dejar el juicio de no hacerlo bien….Por encima de todo es sentir esas ganas de avanzar, agradecer y seguir creyendo en lo que haces. Y esto me emociona mucho.
Más cuando hablas de tu chica haciendo referencia a lo entregado que eres.
Gracias por compartir conmigo todo lo bueno que llevas dentro.