Serie: 21 para tu centro · Post 13 de 21
«El sueldo de una técnica no es un gasto. Es una inversión que tiene que pagarse sola.»
¿Cuánto tiene que facturar cada técnica para que el centro no pierda dinero?
Es una de las preguntas que más me hacen. Y la respuesta corta es esta: como mínimo, unas 4 veces su sueldo. Si es más, mejor.
¿Por qué 4? Porque de lo que factura una técnica no solo sale su nómina. Sale también la Seguridad Social, el producto que usa, el alquiler de la cabina, la luz, los aparatos, el seguro, la gestoría, los préstamos… y, al final, si sobra, el beneficio y tu propio sueldo.
Si una técnica factura solo el doble de lo que cobra, el centro trabaja para pagar nóminas. Y la dueña, para pagar a todos menos a ella misma.
Lo sé bien, porque durante un tiempo me cobré 500 euros en mi propio negocio.
Llegar al punto de equilibrio
No te voy a engañar: alguna vez las nóminas nos han pesado. Siempre es difícil llegar al punto de equilibrio, ese momento en que lo que entra cubre todo lo que sale.
Cuando no llegábamos, hacíamos de todo para aumentar la facturación:
- Promociones puntuales y con criterio.
- Reducir costes donde se podía sin tocar el servicio.
- Ser creativos para dar más valor al servicio por el mismo precio.
- Y, sobre todo, escuchar a las clientas.
Pero lo que de verdad nos cambió la forma de verlo fue hacer una cuenta muy sencilla. Te la explico paso a paso.
La cuenta, explicada fácil
Tranquila, no hace falta ser contable. Son cuatro pasos y una calculadora. Y te recomiendo hacerla para el año entero, porque así las vacaciones y los gastos que pagas una vez al año entran solos.
Paso 1. Suma todo lo que sale del centro en un año.
Todo. No solo los gastos: también los préstamos, los pagos a plazos y cualquier otra cosa que pagues aunque no aparezca como «gasto» en la contabilidad. La idea es saber cuánto dinero necesitas para tener todo cubierto.
Si solo tienes los números de un mes, multiplícalos por 12.
Paso 2. Cuenta las horas que trabaja tu equipo en un año.
Las horas que de verdad trabajan las técnicas. Resta las vacaciones: esas horas se pagan, pero no se trabajan. Al hacerlo por año, es muy fácil: cuentas las semanas que trabaja cada una y te olvidas de calcular mes a mes.
Paso 3. Divide.
Lo que sale del centro en el año ÷ las horas de trabajo del año = lo que necesitas facturar por cada hora para no perder dinero.
Paso 4. Multiplica por las horas de cada técnica.
Ese es el importe mínimo que tiene que facturar cada una para que el centro no pierda dinero.
Un ejemplo con números inventados
Para que se vea claro, imagina un centro pequeño (las cifras son inventadas, no son las nuestras):
- Todo lo que sale del centro al mes, préstamos incluidos: 9.000 €. Por 12 meses: 108.000 € al año.
- Dos técnicas que, ya descontadas las vacaciones, trabajan 1.200 horas al año cada una. En total, 2.400 horas.
108.000 € ÷ 2.400 horas = 45 € por hora.
Eso significa que cada hora de trabajo tiene que facturar, como mínimo, 45 € solo para cubrir gastos.
Cada técnica: 1.200 horas × 45 € = 54.000 € al año. Unos 4.500 € al mes de media. Ese es su mínimo.
¿Ves por qué la regla de multiplicar el sueldo por 4 se acerca tanto? Cuando haces la cuenta en tu centro, el resultado suele salir por ahí.
Y con este número también ves si tus precios están bien. Si un servicio de una hora cuesta menos de lo que necesitas facturar por hora, como te conté en el día 2, cada vez que lo haces pierdes dinero.
El mínimo no es el objetivo
Aquí está la trampa en la que es fácil caer: trabajar justo con el número mínimo.
El mínimo es el suelo, no la meta. Porque en la vida real siempre hay mermas:
- Las anulaciones de última hora.
- Las bajas.
- Los días que no se puede facturar por un incidente: una máquina que se estropea, una avería, una obra.
Si tu objetivo es justo el mínimo, cualquier merma te deja por debajo. La caja baja. Y cuando la caja baja, se empieza a trabajar con miedo. Con miedo se toman malas decisiones: se tira de promociones para llenar la agenda, se baja el margen… y entras en una espiral de la que es muy difícil salir. Es justo el camino contrario al que te conté en el día 2.
Por eso el objetivo de cada técnica tiene que estar por encima del mínimo, con un margen de seguridad para absorber las mermas sin que el centro lo note. Es lo que te permite trabajar tranquila, decidir con calma y seguir mejorando el servicio.
Cómo lo vive el equipo
Aquí hay algo importante. Las técnicas saben que tienen que facturar aproximadamente 4 veces su sueldo. No es un secreto ni una amenaza. Es información.
Y cuando llegan a esa cifra, hay una parte de comisión. Así, el objetivo del centro y el de la técnica van en la misma dirección.
Pero los números solos no bastan. Lo que más les cuesta a las técnicas no es hacer el tratamiento: es ofrecer. Piensan que ofrecer un bono o un tratamiento es molestar a la clienta.
Por eso trabajamos mucho la idea que te conté en el día 4: ofrecer es cuidar. Si una clienta necesita un tratamiento y la técnica no se lo propone por vergüenza, la clienta se va sin lo que vino a buscar. Y el centro, sin la facturación que le permite seguir cuidándola.
Tres pasos para aplicar mañana
1. Calcula lo que necesitas facturar por hora. Suma todo lo que sale del centro en un año, préstamos incluidos (o un mes por 12). Divídelo entre las horas que trabaja tu equipo en el año, sin vacaciones. Apunta ese número en un sitio visible. Es el número más importante de tu centro.
2. Pon a cada técnica su objetivo, por encima del mínimo. Multiplica lo que necesitas facturar por hora por las horas de cada persona: ese es el suelo. Compáralo con la regla rápida, su sueldo por 4. Y fija el objetivo por encima, con margen para las anulaciones, las bajas y los imprevistos. Compártelo con ella, explicando el porqué.
3. Revísalo cada mes y premia cuando se supere. Una revisión mensual, sin dramas: cómo vamos, qué ha funcionado, qué podemos ofrecer mejor. Y una comisión a partir del objetivo, para que superarlo sea bueno para las dos partes.
Lo que me llevo
Las nóminas no se controlan pagando menos. Se controlan sabiendo cuánto tiene que generar cada hora de trabajo, y ayudando a cada persona del equipo a llegar.
Cuando la técnica conoce su número, entiende el porqué y tiene un incentivo, deja de ver el objetivo como presión. Lo ve como su parte de un centro que funciona.
Cada hora de trabajo tiene un precio mínimo. Conócelo, compártelo y haz que se cumpla.
Mañana, en el día 14, cerramos la semana del equipo con la persona más importante del centro: tú. Dueña, no solo técnica.
¿Sabes cuánto tiene que facturar cada hora de trabajo en tu centro? Cuéntamelo en los comentarios.
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