«Emprender te da una energía que pocas cosas en la vida te pueden dar. Úsala bien.»
Abril del 2014. Estoy en la playa. El sol pega fuerte, el mar está ahí delante, y yo no puedo caminar bien. Me había roto el tendón de Aquiles meses antes y estaba en plena recuperación. No es la mejor situación para estar en la playa — pero tampoco era la peor situación de mi vida. Estaba mirando hacia delante, pensando en lo que vendría, con la sensación de que algo tenía que cambiar.

Un año después, el 1 de abril del 2015, firmaba el traspaso de mi primer centro de estética.
Un año. De la playa recuperándome a tener mi propio negocio. Si me lo hubieran contado aquel día con los pies en la arena, no sé si me lo habría creído.
Pero así funciona la vida. Y así funciona la ilusión de emprender.
Llevaba un tiempo buscando trabajo. Tenía ahorros del cierre de la empresa en la que había estado — dinero que había guardado con cuidado y que en ese momento representaba una oportunidad. No era una fortuna, pero era suficiente para dar un paso.
Y entonces apareció la oportunidad. Un centro de estética en Girona. Un negocio ya en marcha, con clientas, con equipo, con aparatología. No era empezar de cero — era coger algo que ya existía y hacerlo crecer.
Recuerdo la sensación. Es difícil de explicar si no la has vivido, pero intentaré describirla: es como si de repente todo tuviera sentido. La formación que había acumulado, los proyectos anteriores, los contactos, todo lo que había aprendido — de golpe encontraba su lugar. Ya no era un consultor informático con inquietudes. Era un empresario con un proyecto real.

Esa energía es poderosa. Es una de las cosas más bonitas que tiene emprender.
Y también es una de las más peligrosas.
Cuando tienes esa ilusión, todo lo demás pasa a un segundo plano. Los problemas se minimizan. Los riesgos se relativizan. Las dudas se silencian. No es que seas inconsciente — es que tu cerebro está tan enfocado en lo que viene que no tiene demasiado espacio para lo que está.
Eso tiene una parte buena: te hace capaz de hacer cosas que de otra forma no harías. Firmar un traspaso, liderar un equipo, invertir tus ahorros, enfrentarte a lo desconocido. Sin esa ilusión, probablemente no darías el paso. Y el paso hay que darlo.

Pero tiene una parte que merece atención: mientras tú estás con el foco puesto en el negocio, el resto de tu vida sigue ocurriendo. Tu salud. Tu pareja. Tu familia. Tus amigos. Tu desarrollo personal. Tus finanzas. Tu tiempo libre. Todo eso no se detiene porque hayas montado un negocio.
Y si no le prestas atención, puede resentirse sin que te des cuenta.
Recuerdo el primer día en el centro. Tenía nervios — muchos. Pero Ana, Alma y Laura, el equipo que nos encontramos, también los tenía. No nos conocíamos. Ellas no sabían bien quién era yo ni qué iba a cambiar. Yo no sabía bien lo que me esperaba. Fue un primer día de miradas, de tanteos, de intentar transmitir confianza cuando por dentro todo era nuevo.
Y en medio de todo eso, yo pensaba que en tres meses lo tendría todo controlado. Que el negocio estaría rodado, que yo podría dedicarme a otras cosas, que sería cuestión de ponerse al día y luego ya fluiría solo.
Once años después, el centro sigue abierto. Ahora se llama Scandinavia Girona. Hoy dedico mucho menos tiempo que antes porque gran parte de mi energía está en Avanza Estética — pero el centro sigue ahí, funcionando, con clientas que llevan años viniendo.
Nada de eso se construyó en tres meses.
Hay una herramienta que me gusta mucho para trabajar el equilibrio en la vida. Se llama la rueda de la vida. Divides un círculo en ocho áreas — Salud, Carrera, Finanzas, Pareja, Familia y Amigos, Desarrollo Personal, Ocio y Espiritualidad — y te puntúas del uno al diez en cada una. El resultado te muestra de forma inmediata qué áreas están bien y cuáles necesitan atención.

Cuando terminas, observas la forma que tiene tu rueda. Si todas las áreas están equilibradas, la rueda es redonda y rueda bien. Si algunas están muy altas y otras muy bajas, la rueda está deformada — y una rueda deformada no rueda bien, por mucho que el motor sea potente.
Yo no conocía esta herramienta cuando cogí el centro. Y si la hubiera tenido delante, probablemente me habría dado cuenta de que algunas áreas de mi vida necesitaban tanta atención como el negocio que estaba a punto de arrancar.
No te digo esto para que no emprendas. Te lo digo para que emprendas con los ojos abiertos.
Porque la ilusión de emprender es real. Y es necesaria. Sin ella no llegas a ningún sitio.
Esa energía que sientes cuando tienes un proyecto entre manos, cuando ves que las cosas empiezan a tomar forma, cuando el negocio empieza a funcionar — eso no tiene precio. Es lo que te hace llegar antes al trabajo, quedarte más tiempo, dar la vuelta a los problemas, buscar soluciones donde otros solo ven obstáculos.
En los primeros meses del centro, íbamos por el número 972 de clientas registradas — que es el prefijo de Girona, así que ya puedes imaginar de dónde veníamos. Once años después llevamos más de 8.800. Algo hemos hecho bien. Y una parte importante de ese algo se construyó con la energía de los primeros días, con esa ilusión que te empuja a comunicar hasta el último detalle, a mejorar la experiencia de cada clienta, a no conformarte con lo que ya funciona.
Esa ilusión vale oro. Cuídala.
Pero no dejes que te ciegue.
Mi consejo, si estás pensando en emprender o si ya estás en ello, es este: antes de lanzarte, siéntate con la rueda de la vida y sé honesto contigo. No para buscar excusas para no dar el paso — sino para saber desde dónde partes.
¿Cómo está tu salud? ¿Tienes energía para lo que se viene? ¿Tus finanzas personales aguantan un período de incertidumbre? ¿Tu pareja entiende lo que implica esto y está a tu lado? ¿Tu familia va a tener el tiempo y la atención que necesita? ¿Tú vas a tener espacio para seguir creciendo como persona?
No tienes que tener todo perfecto para emprender. Nadie lo tiene. Pero sí tienes que saber dónde están los puntos débiles para no llevarte sorpresas cuando el negocio empiece a exigirte.
Porque el negocio va a exigirte. Eso te lo garantizo.
Ese primer abril del centro fue uno de los momentos más intensos de mi vida. Entrar por primera vez como propietario, conocer al equipo, ver las instalaciones, imaginar lo que podía llegar a ser. Todo eso lo guardo con mucho cariño.
Y también sé que en aquel momento, con toda esa energía, no me detuve suficiente a revisar el resto. A mirar atrás para ver qué áreas necesitaban atención. A hacer esa pausa que a veces parece un lujo pero que en realidad es una inversión.
Si pudiera hablarle a la versión de mí que firmó aquel traspaso, le diría: «La ilusión que sientes ahora es real y es tuya. No la pierdas. Pero no dejes que te tape los ojos. Mira también el resto.»
En el próximo post te cuento cómo pasamos de un negocio lowcost a un centro con valor real — y lo que aprendimos por el camino.
7 preguntas sobre ilusión, equilibrio y emprendimiento
¿Es normal sentir esa euforia al emprender? Completamente normal. Es una respuesta natural de tu cerebro cuando toma una decisión importante y se compromete con ella. El problema no es sentirla — el problema es dejar que te quite la perspectiva de todo lo demás.
¿Qué es la rueda de la vida y cómo se usa? Es una herramienta de coaching sencilla y muy visual. Divides un círculo en ocho áreas — Salud, Carrera, Finanzas, Pareja, Familia y Amigos, Desarrollo Personal, Ocio y Espiritualidad — y te puntúas del uno al diez en cada una. El resultado te muestra de forma inmediata qué áreas están equilibradas y cuáles necesitan atención. Se puede hacer en diez minutos y te da una fotografía muy honesta de dónde estás.
¿Hay un momento ideal para emprender? No existe el momento perfecto. Siempre habrá algo que no esté del todo bien. Pero sí hay momentos mejores que otros. Si varias áreas clave de tu vida están en rojo al mismo tiempo, puede que merezca la experiencia estabilizarlas antes de añadir la presión de un negocio nuevo.
¿Cómo se mantiene el equilibrio entre el negocio y la vida personal? El equilibrio en la vida no es algo estático — es como ir en bici. Nadie mantiene el equilibrio parado. Lo mantienes moviéndote. En el emprendimiento pasa igual: si te mueves demasiado rápido en una sola dirección, puedes caerte. La clave es moverse con conciencia, con disciplina y con revisión constante de hacia dónde vas.
¿Qué pasa si el negocio empieza a afectar a tu vida personal? Es más frecuente de lo que parece y más importante de lo que se suele admitir. El negocio es una parte de tu vida, no toda tu vida. Si empieza a comerse el resto, no es sostenible a largo plazo — ni para ti ni para el negocio. Un empresario agotado, desconectado de su familia o con la salud descuidada no toma buenas decisiones.
¿Se puede emprender en un momento de vida complicado? Sí. Muchos lo hacen, y a veces emprender es precisamente lo que te da el impulso para salir adelante. Pero hay que ser consciente del punto de partida. La energía que da emprender puede disimular durante un tiempo lo que no está bien en otras áreas. Tarde o temprano, todo pide su espacio.
¿Cómo saber si estás listo para dar el paso? Cuando la respuesta a «¿qué pasa si no lo hago?» te pesa más que la respuesta a «¿qué pasa si lo intento?». No se trata de no tener miedo. Se trata de que las ganas sean más grandes que el miedo. Y de que tengas claro, con los ojos abiertos, lo que estás asumiendo.
¿Revisaste todas las áreas de tu vida antes de emprender, o también te dejaste llevar por la ilusión? Cuéntamelo en los comentarios.
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