«Si crees que la formación es cara, prueba con la ignorancia.»
Esta es la primera publicación de una serie de 21 posts donde comparto lo que he aprendido en más de una década como emprendedor. Condensar todo en 21 publicaciones ha sido una tarea gigantesca — pero lo hago porque creo que si una sola idea te ahorra un error costoso, habrá merecido el esfuerzo.
Antes de montar mi primer negocio trabajaba como consultor de ERP — programas de gestión para empresas. Lo hacía bien. Pero algo me faltaba. Los empresarios con los que trataba pensaban diferente, hablaban diferente, resolvían diferente. Y yo quería aprender a hacer lo mismo.
Así que me puse a formarme. Y lo hice en serio.
Habilidades directivas, coaching organizacional, diseño web, inteligencia emocional, programación neurolingüística, técnicas de ventas, dirección de equipos. Después llegaron Luis Ramos con Libros para Emprendedores, formación de marca personal, la membresía de marketing online de Joan Boluda. Más de 2.000 horas de formación a lo largo de los años. Podría enseñarte los certificados.
¿Y sabes qué pasó cuando puse en marcha mi primer negocio?
Que me di cuenta de que no sabía cobrar. Que confié demasiado rápido en personas que no lo merecían. Que estuve dos años cobrándome 500 euros al mes en mi propio negocio — menos que cualquiera de mis trabajadoras. Que cometí errores que ningún curso me había enseñado a evitar.
Toda esa formación no me salvó de nada de eso.
¿Significa eso que no sirve formarse? No. Significa que yo lo hice al revés.

Me formé para tener habilidades. Pero no me pregunté qué necesita realmente un emprendedor.
Porque emprender, en el fondo, se resume en dos grandes capacidades: resolver y mantener muchas pelotas en el aire a la vez. La tesorería, el equipo, los clientes, los proveedores, el marketing, los imprevistos… Todo al mismo tiempo. Todos los días. Sin manual de instrucciones.
Ninguna formación te prepara del todo para eso. Pero algunas te acercan mucho más que otras.
Joan Boluda dice que para crear una empresa necesitas tres cosas: dinero, tiempo y suerte. Y la suerte se encuentra trabajando. Tiene razón. Pero yo añadiría dos más que a mí me han marcado: aprendizaje continuo y relaciones. Sin esas dos, el dinero se agota, el tiempo se malgasta y la suerte tarda en aparecer.
El aprendizaje que más me transformó no fue el más largo ni el más caro. Fue una formación de habilidades directivas que me explotó la cabeza — aprender a pensar con los seis sombreros de De Bono, a escuchar de verdad, a gestionar mis emociones en los momentos difíciles. Eso sí lo apliqué. Todos los días. Y sigo aplicándolo.
Después vino la inteligencia emocional — para mí, una de las habilidades más necesarias y más ignoradas en el mundo del emprendimiento. Nadie te habla de ella cuando empiezas, pero cuando tienes un equipo, clientes difíciles, y encima tu vida personal entrelazada con el negocio, gestionar tus emociones no es opcional. Es supervivencia.
Luis Ramos me abrió la mente a los conceptos detrás de los grandes negocios — cada libro resumido era una lección que podía aplicar. Joan Boluda me enseñó que el marketing online no es magia, es metodología y constancia. La marca personal me hizo entender que el mayor activo de un emprendedor es la confianza que genera en los demás.
Toda esa formación sumó. Pero el salto real llegó cuando cambié de entorno.
Cuando hice el Máster de Emprendedores de Sergio Fernández no fui solo a aprender contenido. Fui a cambiar las personas que me rodeaban. A estar con gente que ya pensaba como yo quería pensar. Que ya había pasado por donde yo iba a pasar. Que me podía decir «cuidado con eso» antes de que yo lo viviera en mis propias carnes.
Eso tiene un valor que no se puede medir en horas de formación.
Dinos con quién andas y te diré hasta dónde llegarás.
Pero hay algo que ningún formador me dijo con suficiente claridad, y que ahora te digo yo a ti:
Lo importante no es formarse. Lo importante es formarse y pasar a la acción.
Se aprende infinitamente más aplicando que estudiando. Cada error que cometí me enseñó más que cualquier libro. El problema es que algunos de esos errores me costaron dinero, tiempo y energía que no tenía. Y muchos de ellos eran evitables con la formación adecuada en el momento adecuado.
Por eso, si estás pensando en emprender — o ya estás en ello — te propongo un orden diferente al que yo seguí:
Primero, identifica qué necesita realmente tu negocio, no qué habilidades crees que te faltan a ti. Segundo, busca formación específica para eso. Tercero, aplícala cuanto antes, aunque sea de forma imperfecta. Y cuarto, rodéate de personas que ya hayan recorrido el camino que tú vas a recorrer.
Con menos cursos generalistas y más acción dirigida, yo habría llegado antes y con menos golpes.
Dicho esto — los golpes también forman parte del camino. Y de eso voy a hablar en los próximos 19 posts.

7 preguntas sobre formación y emprendimiento
¿Cuánto hay que formarse antes de emprender? Lo suficiente para no cometer los errores más costosos, y nada más. El exceso de formación sin acción es una forma muy cómoda de no arrancar. Fórmate en lo esencial, lanza, y sigue aprendiendo mientras avanzas.
¿Qué formación es más útil para un emprendedor? La que te ayuda a resolver y a gestionar personas. Inteligencia emocional, ventas, comunicación y finanzas básicas. El resto puede aprenderse después o delegarse. Empieza por lo que más impacto tendrá en tu día a día.
¿Tiene sentido hacer un máster antes de emprender? Depende del máster. Si solo es teoría, puede esperar. Si cambia tu entorno y te rodea de personas que ya están donde tú quieres estar, merece cada euro y cada hora invertida.
¿Es necesario tener experiencia en el sector antes de emprender? Ayuda, pero no es imprescindible. Lo que sí necesitas es conocer bien al cliente al que quieres servir. La experiencia en el sector puede suplirse escuchando mucho, confiando en tu equipo y aprendiendo rápido sobre la marcha.
¿Qué ocurre si emprendes sin prepararte? Que aprendes igual, pero a golpes. Y algunos golpes son más duros de lo necesario. Un poco de preparación en los puntos clave puede ahorrarte años de errores que con información básica eran evitables.
¿Las relaciones importan más que la formación? En mi experiencia, tanto o más. Una buena red de contactos te abre puertas que ningún diploma abre, y encima te avisa de los errores antes de que los cometas tú. Invierte tiempo en conocer a personas que ya están donde tú quieres llegar.
¿Cómo saber si una formación merece el tiempo y el dinero? Una pregunta sencilla: ¿podré aplicar algo de lo que aprenda en los próximos 30 días? Si la respuesta es no o no lo sabes, probablemente puede esperar. La formación que no se aplica se olvida.
¿Qué formación te hubiera cambiado el rumbo si la hubieras hecho antes de emprender? Cuéntamelo en los comentarios.



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