El reto terminó ayer. Pero la historia no.
El sábado 21 de marzo fui a la XIII Jornada del Banc del Temps Pont del Dimoni con una idea en la cabeza: acercar la IA a las personas. Sin presentación, sin micrófono, sin PowerPoint. Solo estar ahí, hablar con quien pasara, escuchar lo que pensaban.
Lo que pasó ese día me enseñó más sobre la IA — y sobre las personas — que muchos de los 21 posts que acababa de escribir.

Llegamos a las 10 y Lola ya estaba nivelando el caldero 🥘
Lola, valenciana de pura cepa, ya estaba en la plaza cuando llegamos. Nivelaba el caldero con un poco de agua — así se comprueba que está bien asentado antes de empezar a cocinar la paella. Esos detalles no los enseña ninguna IA.
Mis hijas llegaron con la energía habitual de dos adolescentes a las que su padre arrastra a un evento un sábado por la mañana. A Laura, de casi 12 años, le tuve que decir que hablara con personas y le di una hoja con las actividades. Fue directamente a la henna y a las trenzas africanas — y no se movió de ahí en un buen rato. Ariadna, de 16, tenía hambre y le dije que preguntara si podía ayudar a repartir el chocolate de un taller que iba a empezar.
Cada una a su manera terminó la mañana con experiencias que se llevan en la vida: una trenza super chula y henna, aprendiendo a reparar bicis, ganando autoestima hablando con personas y sintiéndose útiles sin ninguna recompensa. Eso no lo organiza ningún algoritmo.
Pablo me dijo dónde sentarme
Pablo es uno de los organizadores de la jornada. Jubilado que no tiene tiempo porque lo llena de cosas buenas y útiles para la comunidad. Usa Gemini cada día — y más de una vez — para hacer preguntas, traducir, resumir y generar las imágenes de las actividades del Banc. También es el que nos hizo las fotos de los abrazos al final, porque le encanta la fotografía.
Me dijo dónde sentarme: al lado de la actividad de ajedrez. Un detalle que resultó ser perfecto, porque conozco a los que juegan allí y porque el ajedrez se convirtió en mi mejor argumento de la jornada.
Porque una de las preguntas que más salió ese día fue: si la IA lo hace todo, ¿qué vamos a hacer nosotros?
Mi respuesta estaba justo al lado: cualquier teléfono gana hoy al mejor ajedrecista del mundo. Y sin embargo, nunca ha habido más personas jugando al ajedrez que ahora. Las herramientas potentes no eliminan la actividad humana — la expanden.
PD: Gracias Pablo por el banco de Imágenes de las XIII Jornades del Banc del Temps

Las conversaciones que me hicieron pensar
He cambiado o no los nombres de las personas con las que hablé para proteger su privacidad, ya que no les pedí permiso para nombrarlas.
Gloria no usaba la IA conscientemente — o eso creía. Su marido, en cambio, estaba rehabilitando un coche y le estaba ayudando muchísimo. Sin saber el nombre de la herramienta. Sin haber hecho ningún curso. Solo preguntando.
Eso es exactamente lo que he intentado contar en estos 21 días: no hace falta saber cómo funciona para que te sirva.
Maia me dijo que la IA le aburría porque estaba llena de imágenes y vídeos falsos. Le respondí que Dalí y Picasso también hacían cosas que no existían — y que las valoramos igual.
Dialogamos y me dijo algo que me dejó pensando: «Pero antes eran pocos artistas. Ahora son millones de personas haciendo lo mismo.»
Tiene razón. Y eso me llevó a una reflexión que no esperaba: democratizar la IA es genial — todo el mundo tiene las mismas oportunidades. Pero si todo el mundo hace lo mismo con las mismas herramientas, nadie destaca. La originalidad sigue siendo humana. Hacer mil veces lo mismo cansa — hacer cosas diferentes, eso sigue siendo nuestro.
Gina planteó el argumento medioambiental con mucho fundamento. Los centros de datos consumen cantidades enormes de electricidad y agua. La IA tiene un coste ecológico real que no siempre vemos.
Le respondí que la IA ya está aquí — como la luz eléctrica cuando apareció. Que lo que podemos hacer es usarla para encontrar soluciones más eficientes, no ignorarla. Pero Gina tenía razón: no es una moda. Y su coste hay que tenerlo en cuenta.
David desconfiaba de la IA en general, pero me dijo algo muy interesante: que para generar imágenes inclusivas, si le hacías un buen prompt, funcionaba. Que una becaria suya le pedía imágenes a ChatGPT y conseguía exactamente lo que necesitaba para ilustrar mensajes concretos.
De esa conversación salió algo que me parece clave: las IAs tienen sesgos. Aprenden de la información que les pasamos — y la mayor parte de esa información viene de Estados Unidos y Europa. Hay IAs chinas que están haciendo cosas muy buenas, pero el mundo que reflejan no es multicultural de verdad. Muestran la sociedad como se la ha explicado, no como es.
Esther me hizo reír. Me dijo que pagaba tres IAs y que no sabía cómo se llamaban. Quería aprender a programar pero no sabía por dónde empezar. Pensaba que necesitaba aprender matemáticas primero.
Le dije que no. Que para aprender a programar hoy lo que hace falta es dar pasos concretos, pequeños y consecutivos. Que las matemáticas ayudan porque entrenan el pensamiento lógico — pero que las IAs te llevan de la mano si las dejas. Que la curiosidad sin acción no llega a ningún sitio.
Le hice un prompt para arrancar.
Elena tenía dos barreras claras con la IA: perder el control y el impacto medioambiental. El miedo a perder el control es el más común que he escuchado en estos 21 días. Y tiene sentido. Pero hay algo que he aprendido construyendo estos posts: cuando tienes todo el control, no aprendes. El aprendizaje ocurre en el borde del control, donde las cosas no salen exactamente como esperabas y tienes que adaptarte.
Anna trabajaba en una consultora financiera y le habían hecho un curso de Copilot. Hablamos de la grabación automática de reuniones con IA — un resumen que sale solo al terminar la videollamada, con el plan de acción incluido. Le llamó mucho la atención. No porque fuera espectacular, sino porque era útil de verdad para algo que hacía todos los días.
Y alguien que trabajaba en fiscalidad — con Anna coincidimos en algo que ya vimos en el día 12 de este reto: cuando le pases información a la IA, mejor no pongas datos personales reales, o cámbialos por datos ficticios. El resultado es igual de bueno y tus datos están protegidos.
Daniela era monitora creativa y ya usaba la IA para organizar actividades y mejorar textos para redes. Le hablé de algo que creo importante: la IA tiende a ser complaciente. Te dice que todo está bien, que tu idea es buena. Hay que pedirle explícitamente que te lleve la contraria, que busque los puntos débiles, que valide lo que estás haciendo desde otro ángulo. El sesgo de autoafirmación es real — y la IA lo amplifica si no tienes cuidado.
Carme ayudaba en el taller de conversación en francés. Le comenté que Google acaba de lanzar varias herramientas para aprender idiomas más rápido — con conversaciones reales, jerga coloquial y traducción simultánea en tiempo real. Duolingo tiene trabajo por delante. 😄
Lucía era muy creativa y me transmitió, sin decirlo directamente, que a ella le gustaba tocar, pensar y crear con las manos. Que eso era diferente de lo que hace la IA.
Y tiene razón. La IA no siente la textura del material. No tiene el placer físico de crear algo con el cuerpo y la experiencia de años. Eso es irreemplazable.
Y otra pregunta que salió varias veces: ¿si la IA piensa por nosotros, nos vamos a quedar tontos?
Algo de razón tiene. Lo que yo enfatizaba es que lo que nos hace humanos es disfrutar de la vida y tener pensamiento crítico. Eso no se lo puedes delegar a nadie.
Hablé con muchas más personas ese día. No todas las conversaciones fueron sobre IA — y eso también fue un aprendizaje.

Y no pude contenerme con la salsa caleña
Mientras hablaba con personas, en la Plaça Solidaritat sonaba la música de la salsa caleña de las 12:30. No pude contenerme. Me uní. Porque la jornada tenía de todo — Five Star Band por la mañana, la Colla Gegantera con sus gigantes, zumba, y una sesión de salsa que no podía ignorar.
La jornada del Banc del Temps tiene esa magia: en un mismo espacio conviven el ajedrez, las trenzas africanas, la robótica, el reiki y la salsa caleña. Y todo el mundo encuentra su sitio.
La parada del empadronamiento y los tres libritos
En un momento vi una mesa con información sobre los servicios del barrio y tres libritos con información sobre el empadronamiento. Los fotografié con el móvil y le pedí a la IA que me hiciera un resumen de lo más relevante.
Hace diez años, los programas de reconocimiento de texto tardaban mucho y no lo hacían bien. Necesitabas una foto perfecta, buena iluminación, y aun así el resultado era mediocre. Hoy, con una foto mal tirada, la IA extrae el texto perfectamente. La tecnología ha avanzado más en diez años que en las décadas anteriores.
Mientras la IA procesaba los libritos, yo estaba hablando con personas. Aprendiendo cosas que no están en ningún folleto.
Eso es lo que quiero que te lleves: la IA no es para hacer las cosas en lugar de ti. Es para que puedas estar presente donde importa mientras ella hace lo que es mecánico.

El mural de las 4.300 abraçades
Al final de la jornada, cuando ya nos íbamos, recordamos que nos habíamos dejado hacer la foto para el mural. Volvimos.
4.300 abrazos. Para un mural del Festival Monar’T. Una imagen que se construye abrazo a abrazo, persona a persona, sábado a sábado.
Y sí — hay IA detrás de eso. Para generar el mural a partir de miles de fotos. Pero sobre todo hay comunidad. Las dos cosas pueden coexistir.
Lo que me llevo de los 21 días y de esta jornada
He aprendido más de las conversaciones del sábado que de muchas horas investigando herramientas.
Maia me recordó que la originalidad sigue siendo la única ventaja sostenible. Gina me recordó que el progreso tiene un coste que no podemos ignorar. Elena me recordó que el control es importante — y que aprender es soltarlo en los momentos correctos. David me recordó que las IAs tienen sesgos que reflejan el mundo como alguien lo ha explicado, no como realmente es. Daniela me recordó que la complacencia de la IA puede ser una trampa. Lucía me recordó que hay formas de crear que la IA simplemente no puede replicar.
Y Esther me recordó que pagar tres IAs sin saber cómo se llaman es un buen punto de partida para empezar a aprender. 😄
La IA es una herramienta. La diferencia no está en tenerla — está en saber para qué usarla, cuándo no usarla, y qué poner tú que ella no puede poner.
Para perder el miedo a la IA no hay que leer sobre ella. Hay que utilizarla para algo que te importe. Hay que salir de la cámara de eco donde solo escuchas a gente que ya la usa — y hablar con quienes tienen dudas, miedos y perspectivas completamente distintas.
Eso me llevó a la jornada del Banc del Temps. Y eso es lo que me llevó a escribir estos 22 posts.
Una última reflexión: este post también es un ejemplo de lo que significa trabajar con la IA. No basta con darle un prompt y esperar. He revisado y releído cada versión, corregido detalles, añadido matices, quitado cosas que no eran exactas. Los LLMs hay que conversarlos — no esperar que lo hagan todo. El resultado final siempre lleva tu criterio.
¿Tienes miedo de empezar con la IA? ¿Cuál es el miedo concreto que te frena?





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